El otro día encontré un artículo muy atractivo, y les quiero compartir en mis palabras, un poco de lo que decía.
Existen dos tipos de silencio: Uno que asfixia y ahoga: para mi entender, son las cosas que no decimos; otro que oxigena, equilibra y armoniza: es esa pausa que hago para ordenar mis ideas, pensamientos y emociones por sobre todo.
Existen dos clases de cansancio: uno tedioso y estéril: en mi caso es el que siento cuando hago cosas que no me gustan en realidad pero las tengo que; otro lleno de sentido, rico y fecundo: es el caso contrario, me pasaba cuando terminaba un encuentro deportivo super intenso o cuando culminaba algun proyecto personal.
Existen dos clases de soledad: una que hasta "acompañada" destruye: cuando permanecía dentro de relaciones tóxicas en donde no me sentía para nada completa; otra que "sola o acompañada", edifica, plenifica y revive!: esa es mi soledad favorita, mis momentos de silencio, de no atender llamadas o responder mensajes por elección propia, ese momento en el que solo quiero estar conmigo o con quien me acompañe a estar solo, como dice Arjona.
Existen dos clases de trabajo: uno que esclaviza y mutila: es el que no lo hago por elección sino por necesidad, normalmente no me pasa, porque no se durar demasiado en algo que no me hace sentir emocionalmente bien, quienes me conocen sabrán que por lo mismo he decidido emprender desde el 2013. Otro que vivifica, ilumina y libera: he aquí lo mío, puedo trabajar 24 horas haciendo algo que elijo hacer y sentirme completamente satisfecha, así sea menos monetizable que el anterior.
Existen dos clases de risa: una que ofende y agrede: de esta no puedo hablar demasiado porque aunque soy algo pichada, no me ofendo fácil desde que aprendí a no tomarme nada personal, otra que alegra, entusiasma y reanima: para mi son esas que me genera la espontaneidad de las personas o de los seres que tocan mi corazón y digo seres porque a mi me generan una enorme risa mis perros por ejemplo o cualquier can que se me acerque con el increíble amor que sólo ellos saben dar.
Existen dos clases de mirada: una que degrada y mutila: en serio hay cosas de las que siento que ya no puedo hablar, porque aprendí a rodearme de las miradas correctas, así que no se mucho de esto. Otra que enaltece, reconforta y sublima: esta es fácil para mí, me enaltece la mirada de mamá, me reconforta y sublima la mirada de mi abuela.
Existen dos clases de relaciones: unas que aniquilan y envilecen: pues sí, acá si que tengo mucho por decir, tuve relaciones que me aniquilaron pero que por sobre todo me envilecieron, pues cometí el error de que en vez de superar los daños, solo pasaba la página y me cruzaba con algún otro ser humano del cuál creía enamorarme y sin querer e inconsientemente, hacía daño, esto no paró hasta que me di cuenta de que tenía que detenerme y superar los daños para seguir, creo que es demasiado importante aceptar cuando una relación te aniquilo, abrazar el proceso y luego seguir, pero a veces nos hace actuar mal, el miedo a quedarnos "solos". Otras que logran el "milagro" de hacer surgir lo mejor de nosotros mismos: para mi esto es válido en cualquier tipo de relación, ya sea amorosa o de amistad. Existen personas que llegan a tu vida solo con el propósito de hacerte ver lo mejor tí. Y esa persona no siempre es una pareja, a veces es un amigo/a. Un familiar, un vecino. No importa.
En fín, en resumén aunque sea fiel creyente de que no existe el bien y el mal, creo que el mundo y todas las cuestiones, tienen algo de ambiguedad y es una decisión completamente personal, elegir de que lado estar.
La vida no es algo que nos sucede una vez ni mucho menos para siempre. Es algo que creamos día a día y somos muy afortunados teniendo la oportunidad de elegir de que manera vivirla.
Somos un "momento", creado a base de "instantes".
Namasté.
Fuente: Pedro Lanzagorta - Arquitectura espiritual.
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