Vivimos en un mundo en donde nos convencimos de que alguien más nos está haciendo algo. Y he decidido tocar este tema porque a veces siento que algo me indica que debo hacerlo.
Tengo un libro nuevito, que les recomiendo por cierto, se llama "Cómo hacer que te pasen cosas buenas".
Y justamente quedé en un episodio en donde la autora hablaba acerca de una paciente suya, que lo tenía todo, pero todo para ser FELIZ.
Pero ella acudía por una falta de autoestima, vivía con sus padres, tenía un buen trabajo, dinero no le faltaba, un novio que la amaba, en fin todo.
Ella asistía a terapia pero peleaba consigo misma porque le costaba aceptar que estaba ante un extraño hablando de su vida persona. Para hacerles corta la cuestión.
8 meses de terapia, ella misma se diagnostica, sabe exactamente lo que le pasa y de donde provienen sus problemas. Y me hizo mucho ruido porque una amiga a quien aprecio mucho, me llamó a contarme por enésima vez, cosas que está permitiendo en su vida, mil maneras de violencia verbal, manipulación y violencia física.
Y también termino con un comentario similar, me dijo: Pao, yo no se ni porque te sigo diciendo todo esto, vos seguro estarás harta de que te cuente siempre lo mismo. Y ahí recordé esa parte del libro y le dije sabes que, no pasa nada, te escucho las veces que sea necesario, porque creo que de alguna manera en algún momento mientras me habla y me cuenta más de lo mismo, ella misma va a encontrar su diagnóstico y con suerte también la solución.
Lo que quiero decir es que, cuantas personas llegan a nuestras vidas y tienen este tipo de actos violentos que sin darnos cuenta nos roban la voluntad.
Pero la verdadera violencia es la que nos cometemos a nosotros mismos, porque cuando estamos permitiendo todo eso, nos estamos faltando al respeto.
Y se que hay factores muy prevalescientes en todo esto, como lo es el MIEDO.
Sólo les pido que cuando alguien les esté contando 1000 veces lo mismo, no dejen de escuchar, puede ser aburrido, puede cansar, puede aturdir, pero esa persona está acudiendo a vos, por alguna razón. Y algo siempre queda para nosotros.
Cómo para mí, me queda que aunque me estén pasando miles de cosas, nadie puede robarme la capacidad de escuchar y de ser empático ante el sufrimiento o el dolor ajeno.
Gracias de corazón por leerme, porque de verdad esto lo hago más por mí, que por saber que alguien me lee.
Pero si lo haces, quiero decirte Gracias de todo corazón, porque vos haces que yo me escuhe.
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