Hoy escuche hablar de este tema y creo que es mucho de lo que suelo decir...
Yo me hago cargo de lo que hago y digo, no de lo que interpretes, y de verdad no pasa por un tema de desinteres, sino que creo y siento que en realidad la manera más sana de amar, de querer o de apreciar es no imponiendo a ninguna persona a someterse a cierto estandares o ciertas reglas, para que merezcan tu "respeto".
Pero este tema de buscar un responsable o de exigir un merecimiento para todo, viene desde que somos niños.
Nuestros padres son los primeros en imponernos diferentes tipos de merecimientos, que con el tiempo, nos condicionan, si no nos damos cuenta, para toda la vida.
Por ejemplo, que pasa cuando tu papá te dice "seguis llorando de esa manera y te dejo acá solita", no creen ustedes que eso crea una futura sometida a hacer lo que piden, por temor al abandono.
Entonces creo que esa responsabilidad afectiva está siendo bastante mal vendida, o bueno, puede ser que yo lo esté interpretando mal.
Pero todo lo que escucho es que, tenemos que tener cuidado en todo, lo que decimos o hacemos para no herir las emociones del otro.
Y que pasa si el otro te dice, mira, en serio me lastima que hables con ella, porque me genera celos y si lo sigues haciendo me estas lastimando, quiere decir que no te importa en absoluto lo que siento.
Pero que pasa si esa otra persona, es alguien con quien realmente te gusta hablar, y en donde no hay nada más que una buena comunicación y de la que disfrutas.
Dejas todo eso que te gusta hacer, porque la otra persona ya te condicionó con su "me vas a herir si lo haces", sólo porque no puede manejar sus inseguridades.
Entonces comenzamos sin darnos cuenta a convertirnos en ese alguien que la otra persona necesita y empezamos a hacer el mismo ejercicio con ellas.
Y después nos preguntamos, que carajos? Porque estamos así de mal de repente? Cómo si yo jamás hice nada malo? Me porté super bien?.
O nos preguntamos, no se porque perdí la paciencia de esa manera, siento rabia muy fácil, me irrita todo lo que dice en el segundo, nos peleamos por cualquier cosa.
Porque con el tiempo es imposible que las frustraciones de cada uno, no salgan a la luz, así sea consciente o inconsciente.
En uno de mis libros favoritos, encontré un cuento que hablá bastante de ello y se los quiero compartir.
El caso de Susana...
Susana estudió Óptica y trabaja en la farmacia de su prima en Valencia. Está casada co Jorge, un hombre muy trabajador que tiene consesionarios de coches y comparte el negocio con sus hermanos. Tienen dos hijos, de uno y cinco años. Cuando Susana acude a mi consulta me cuenta que su marido se ha ido de la casa. Ella está desolada "porque mi matrimonio funcionaba muy bien, no teníamos casi discusiones y no entiendo que ha podido suceder".
Según me relata, no ha pasado nada fuera de lo normal, simplemente, Jorge un día le dijo que no podía más y se marchaba de casa. Ella insiste en que la relación era buena entre ambos y que tenían un matrimonio envidiado por muchos. Al preguntarle si hay otra persona, ella responde que está segura que es así pero que el lo niega. Entramos a descifrar la personalidad y biografía de Susana y nos topamos con una mujer de gran corazón, amable, cercana y amiga de todos. Siempre está pendiente de su entorno.
Su padre es un hombre de carácter fuerte, impulsivo, pero ella le sabe llevar bien y, cuando todo parece derrumbarse, ella posee la habilidad de reconducir la situación. Cuando me cuenta sobre los últimos años con Jorge, detecto muchas faltas de delicadeza por parte de él: humillaciones, exigencias absurdas y múltiples manías. Los fines de semana, el pedía que la casa estuviera limpia y gritaba a Susana pidiéndole que lavara los cristales y el suelo varias veces. Ella con su habitual simpatía, obedecedía para que él estuviera contento, sin darse cuenta de que la relación se había convertido en una dictadura donde ella se encargaba de hacerle la vida agradable, sin pensar. Susana me lo describía de esta manera: Siempre he sido amable, cercana y cariñosa con los míos, sin pensar en exceso, sé que es la clave de las buenas relaciones.
De cierto modo, ella tiene toda la razón, pero como me dijo mi amigo cuando estabamos debatiendo este tema, todo extremo es dañino o negativo y ella no supo medir el grado de amabilidad, de generosidad y eso la acabó convirtiéndo en una víctima de una persona que la manipulaba y la usaba a su antojo,
Y como concluyó, de todos modos él, se aburrió y simplemente se fué.
Así que mi punto es, no dejemos de ser nosotros mismos por nadie, está bien respetar ciertas pautas pero en donde ambas partes estén de acuerdo y en equilibrio.
No nos olvidemos de que así como damos, también podemos recibir y que el someterte a todas las peticiones, gustos o estandares de la otra persona, no te asegura de que se va a quedar a tu lado toda la vida.
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