Me preguntaron que es para mí el rechazo y automáticamente respondí "mi miedo más grande", pero al mismo tiempo, mi respuesta me incomodó o me hizo ruido.
Porque empecé a hacerme un auto análisis y me descubrí sin ese miedo hace mucho tiempo.
Pero de todos modos quise recordar en que momento me etiqueté con ese "miedo".
No tengo idea de donde viene, cuál es la raíz, pero si recuerdo o más bien tengo recuerdos en los momentos en los que me dió pánico el rechazo.
Me puse a investigar cómo actúan las personas que sienten ese miedo y en el mayor de los casos, las características son similares.
Personas super delgadas que intentan no ser notadas, personas grandes que para no ser notadas se esconden debajo de ropas oscuras, hacen todo lo posible para no llamar la atención porque tienden a pensar en que "si me vuelvo invisible, a lo mejor esté a salvo".
Entre esa y muchas características, ninguna tenía que ver conmigo, pero entendí que lo mío pasaba al otro extremo, siempre he sido muy exigente conmigo.
Recuerdo que desde pequeña intentaba ser la mejor en todo, llamar la atención, ser reconocida, porque lo crean o no, el trauma de ser la hija del medio es un trabajo super duro.
El desde pequeña, no ser ni la más grande a la que hay que respetar, ni la más pequeña a la que hay que proteger, como que te quedas sin entender cuál es tu función, es inevitable eh! y les cuento que nada tiene que ver con nuestros padres.
Porque los míos intentaron en lo posible no hacermelo sentir, todas tuvimos las mismas oportunidades, recibiamos la misma atención y el mismo cariño.
Pero eso me hacía sentir que yo tenía que ser reconocida por algo más y no me quejo para nada, porque al final eso me llevo a expandirme, a querer hacer cosas diferentes.
Tengo varios medios talentos, exactamente por lo mismo...
Cuando de repente me convertí en la más pequeña a mis 12 años, porque la pequeña de la casa terminó su misión en la tierra, fue el momento en el que tuve toda la atención del mundo centrada.
Mis padres consentían todos mis deseos, especialmente mi mamá.
Tenía ganas de estudiar inglés, me inscribió al instituto, a los pocos meses se me ocurrió que también era el momento de que yo pueda aprender a ejecutar la guitarra, pedí una, me la compraron, pidieron a dos vecinos que cantaban en la iglesia que me enseñaran en la casa y para mí era poco, no quería sólo eso, le dije a mi mamá, yo lo que quiero es aprender guitarra clásica y quiero estudiar en el conservatorio nacional de música.
Que creen que pasó? Pues mi mamá hizo lo posible y ahí estaba, estudiando inglés y guitarra clásica y también obviamente iba al colegio.
Mi papá, como se había ido de la casa, era más que nada un espectador y también sólo me apoyaba y me decía que haga lo que haga siempre tenía que tratar de ser la mejor.
Pasé como dos años llevando esa vida acelerada, ir por las mañanas al inglés, correr a clases del conservatorio y después correr para llegar a tiempo al colegio.
En el colegio la misma historia, estaba en todo, no queria ser una simple alumna, queria ser la que dirige los actos, la que hablaba y explicaba en las exposiciones, la que preparaba todos los trabajos prácticos porque no quería delegarlo por si otra persona la cagaba y eso afectará mis puntuaciones, la mejor en los deportes, la mejor en los idiomas, no podía ser menos, siendo que mi hermana mayor era la medalla de oro del colegio, era super pesado estar un año abajo de ella con maestros diciéndote lo buena que era. Sentía que estaban esperando mucho de mí y eso hacia que me auto exprima y todavía sentía que faltaba más.
Después llegó el deporte, uff que momento, sentí que fue la primera vez que me tocó tomar decisiones fuertes.
Mi papá seguía siendo un espectador, un observador, hasta que llegó el momento de verme estando haciendo mil cosas a medias.
Inglés, música, colegio.. todo se estaba saliendo de control. Ya llevaba dos o tres años y todo era cada vez más exigente y otra vez yo le estaba sumando practicar deportes después del colegio.
Pero era evidente que de todo eso lo que me apasionaba era el deporte y de repente mi papá dejo de ser espectador y cómo a él le tocaba salvarme cuando el tiempo no era suficiente para mí, tenía que dejar su trabajo o lo que sea que esté haciendo para que yo pueda llegar a tiempo.
En una de esas carreras me dijo algo que me marcó: Te das cuenta que estas haciendo de todo y que no vas a tener un título en ninguno?
Porque haciendo las cosas a medias en ninguna vas a rendir al máximo. En ese momento yo me enojé, porque sentía que en todo yo estaba dando lo mejor, no lo analicé, la nena caprichosa y consentida estaba siendo cuestionada.
Pero después lo analicé con calma y tuve que tomar una decisión, deje la música, terminé el inglés y me enfoque en el deporte.
Al siguiente año ya estaba formando parte de la selección, mi papá tuvo razón, me dejó una enseñanza y luego también, su misión se acabó.
Muchas cosas cambiaron a partir de ahí pero yo quería seguir destacándome en lo que sea que hacía, terminé el colegio y lo único que me quedaba era el deporte.
Hasta que de repente otro momento decisivo llegó a mi vida, ya no contaba con el apoyo económico de mi madre.
Y el deporte que me gustaba pues era amateur, no recibía paga y pues tuve que abandonar eso y seguir. Empecé a hacer cosas por primera vez, por obligación y no por gusto.
Comencé a perderme un poco ahí, perdí el rumbo, no sabía quien era, cómo me irían a ver ahora? Estaba convirtiéndome en un ser humano común.
Pero el miedo al rechazo no cambió, comencé a destacarme como amiga y como pareja.
Era la amiga que más estaba, la que daba los mejores regalos, la que nunca decía no a nada.
Cómo pareja la misma cosa, no te gusta que vista así? Pues no se diga más! Ya no más deportes, pues no más deportes.
Me convertí en un títere de mis miedos, no quería quedarme sola y tampoco quería dejar de ser la mejor.
Cuando me dí cuenta de que eso no era suficiente para ningún tipo de relación en mi vida, pues más perdida me sentía, no tenía idea de lo que quería hacer.
No me gustaba ninguna carrera, estudie un tiempo administración y lo deje, no me apasionaba nada.
Empecé a simplemente ser un corcho en altamar, llevada por la corriente.
Trabajaba, usaba mi dinero en fiestas, ropa, vicios, vivía al límite cada mes. Pero era cool, tenía amigos y gente que me buscaba todo el tiempo.
Creo que practiqué todo eso hasta hace 10 años atrás y no crean que desde entonces ya sabía lo que quería y deje de actuar sin miedos.
Pues no, empecé a hacer carrera como emprendedora, llevaba una vida super cómoda, lograba lo que me proponía, pero todo absolutamente todo, me duraba sólo un tiempo.
Porque no sabía hacerlo por mí, quería hacerlo siempre por alguien más, sentía que tenía que ser reconocida por factores externos, nunca lo hacía por mi.
Pero ahora que me descubrí sin ese miedo a ser rechazada, me di cuenta de la raíz.
Llevo unos pocos 3 años o 4, haciéndo sólo lo que yo quiero, me dejó de importar destacar para alguien más. Me descubro aplaudiéndome y celebrando solita, hasta por lograr dormir 8 horas.
Me felicito cuando llego y encuentro mi cama tendida, me abrazo y me doy fuerzas cuando me siento cansada, agotada o frustrada. Cuando termino de vestirme para salir de la casa, me admiro, me tiro flores y me suelo decir, que rico huelo, como me gustaría ser esa persona que te va a oler al pasar.
Entienden el punto? Lo estoy haciendo por mí y sólo para mí.
Y me siento lista para vivir el amor, al lado de alguien que se quiera más de lo que me pueda querer a mí, que no dependa absolutamente en nada de mí, pero que le encante estar conmigo, que nos descubramos haciéndo las cosas, pensando en el otro pero no por esperar su aceptación, sino por que amamos compartirlo todo, lo que nos hace bien, lo que nos hace mal, lo que nos molesta, lo que nos agrada.
En fin, gracias por hacerme esa pregunta porque de verdad, me hiciste descubrir que ese miedo ya hizo maletas y se fue para no volver.
Abrazo con el alma a mi niña la del medio y le digo, no pasa con nada estar ahí, no heredaste un título, te descubriste solita. TE AMO!
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