Hoy me estaban contando algo que les había sucedido.
Comenzaron diciéndome, casi fui mordida por un escorpión y pedí los detalles. En resumen ella tenía en su poder una piedra y al lado de su mano estaba un escorpión.
Intercambiando bromas dije que el escorpión había decidido no hacerle daño y ella me dijo lo decidimos ambos, porque yo tenía una piedra en la mano.
Y ahí mismo se me reveló una teoría acerca de lo que es el amor.
Y si, me quedo claro, bueno a mí.
Que eso es el amor o más bien, amar a alguien.
Es saber que ambos tienen el poder absoluto de destruirse y decidir no utilizarlo.
Que no se trata de lo que seas capaz de hacer por demostrar cuánto la amas sino todo lo contrario.
Es exactamente aquello que decidís no hacer, para no destruir a quien amas.
Pero no hablo de esas decisiones forzadas, hablo de aquellas que salen desde tu corazón. No es dejo esto que me gusta porque a él o a ella no le gusta.
Sino, esas decisiones que son solamente tuyas.
Por ejemplo cuando se te presenta la tentación de ser infiel. Y lo puedes hacer con la seguridad de que jamás se podría enterar, pero algo muy dentro tuyo te hace decidir no hacerlo porque podrías herir profundamente sus sentimientos y aunque nunca se entere esa persona, bastaría con saber que lo hiciste.
O en cualquier pequeña mentira, por más piadosa que creamos que sea. Que a veces las excusamos en un “era para evitar que te enojes”.
El acto de amor más grande es ser capaz de enfrentarnos al enojo que puede en el momento destruirlo todo, pero al final de la ira queda La Paz de sentir que te enfrentaron con la verdad y eso solo es capaz de hacer alguien que realmente siente que tu vida y tus emociones son importantes.
Así el amor se haya acabado, así la emoción ya no sea la misma.
Más vale siempre ir de frente. Con amor y respeto.
Porque el amor a veces cambia de forma, pero sigue siendo amor.
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