Quédate solo/a. Ese es el primer paso.
Aprende a divertirte contigo. Descubre cómo hacerlo. Primero aburre y después es genial.
Aprende a amarte. Primero duele y hasta parece ridículo. Luego entiendes que antes de eso, es imposible que alguien más pueda hacerlo.
Empieza a ser tan auténticamente feliz, tanto que no sientas vergüenza de sentirte desbordado y pleno, después de abrazar a un árbol o ver la cola de tu mascota moverse sin parar cuando te ve regresar.
Nada te hace falta, todo esta bien.
Siéntete tan a gusto contigo que cuando alguien llega, todo bien. Pero si no, también.
Actúa como un maestro, no como un mendigo.
Maestro de tu vida, de tu espacio, de tu tiempo y de tu amor.
Se dice que lo semejante atrae a lo semejante.
Así que si pretendes estar con alguien que realmente te ame por todo lo eres. Comienza por casa.
Cuando seas ese Maestro va a llegar otro maestro. Otra persona que aprendió a vivir su soledad felizmente. Si, igual que tu. Que se ama y se respeta.
Es una regla universal. Lo semejante vibra ante lo semejante.
Y te imaginas dos maestros unidos. Wow! Que explosión de felicidad.
Dos personas que no necesitan examinarse, solo se comparten.
Nadie necesita usar al otro para completarse. Se vuelven uno y aveces hasta sin parecerse en nada.
Ni si quiera les gusta los mismos colores.
Solo “disfrutan” de todo lo que pueden compartir y de lo que no también.
Comentarios
Publicar un comentario