Nací un día 5 noviembre del año 1987, a la 1 am según mi mami.
2 años antes del fin de una larga dictadura en mi país.
Crecí en una familia de clase social media, como la gran mayoría en Paraguay, con un padre maravilloso, no era perfecto, pero era amoroso y era muy presente.
Con una mamá puff tanto para decir de esa mujer, tan resiliente, tan luchadora y tan intensamente insoportable a veces, nos parecemos tanto, cada que pasa un año, creo que nos parecemos un poco más, tal vez por eso hemos tenido tantas diferencias.
Los años nos convirtieron en algo mejor, no tenemos la mejor relación del mundo, pero si una muy auténtica, no usamos máscaras, nos aceptamos y nos queremos así, ya no nos enojamos por arruinar nuestros prototipos, ni soy la hija de sus sueños, ni es la madre de mis sueños, pero nos amamos y nos aceptamos tal cual.
Soy la hija del medio, tengo una hermana mayor de 36 años y una hermana menor que hoy tendría 33 años, pero ya no está con nosotros, al igual que mi padre.
Tuve una infancia increíble, creo que de las últimas en las que aún nos juntabamos por horas para inventar juegos.
Usabamos mucho la imaginación, creo que yo un poco más que los demás.
He sido siempre bastante curiosa y muy exigente conmigo misma desde pequeña, fuí y sigo siendo demasiado competitiva, tanto que eso me volvió bastante terca.
Crecí en un ambiente bastante saludable, con una casi imposición a la vida saludable y ordenada, que no me quejo, me ayudó y me gustó bastante.
Tuve muchas facilidades de pequeña, cuando no tenía idea de que era lo que realmente quería aún.
No sabía si quería ser la mejor de las 3 o si no quería tener nada que ver con ninguna, no sabía si quería una familia unida o si me daba igual, no tenía idea de nada.
La realidad es que recién cuando las cosas empezaban a cambiar, comenzaba a entender que era lo que quería.
Cuando mi hermana pequeña falleció, comencé a entender su tremendo afán por hacer las mismas cosas que yo hacía, elegir la misma ropa y querer las mismas actividades, me admiraba.
Cuando mis padres se separaron, comencé a darme cuenta que tenía un papá tremendamente presente, que nos daba besos en la mañana, que sacaba tiempo para almorzar con nosotras y que nos daba besos en la noche a cualquiera sea la hora que llegara.
Cuando mi padre falleció me di cuenta de la poca conexión que tenía con mi madre y de lo rota que estaba nuestra relación
Cuando mi madre cayó presa comencé a darme cuenta de lo poco comprensiva y egoísta que era, no me puse en sus zapatos jamás, estaba sumida en mi enojo, porque lo que le estaba pasando a ella estaba a punto de cambiar mi existencia entera. Viví un egoísmo tremendo y lo recuerdo perfectamente, siento mi enojo de aquel entonces ahora mismo, que me pongo a recordarlo.
Cuando mi madre tuvo que ir a otro país, con mi abuela, entendí que no era tan fácil eso de vivir y mantenerme sola. Era la cosas más dficil del planeta.
También sentí cuánto la extrañaba a pesar de mis necesades.
Cuando entedí y acepté quien era yo y cuáles eran mis gustos, tuve que pagar un precio muy elevado y abrí las alas, me alejé del nido, empecé una vida nueva.
Viví mis propias experiencias, me di de golpes solita y mamá siempre estaba allí, de lejos, esperando el paso en falso.
Regresé la primera vez y ella estaba orgullosa de tener la razón, no ibas a poder tanto tiempo sin mamá (somos tan parecidas).
Al poco tiempo, ya no soporté las reglas, ya había probado la "libertad", volví a volar del nido y ya no regresé, por muchos años fuí la visita más esperada de la casa, cada 15 días como mínimo, obviamente si me pasaba de esos días ya recibía reclamos maquillados.
"Tu abuela pregunta por vos" los niños vinieron el domingo y no estuviste (mis sobrinos).
Pasé así mi vida, siendo un arbitro lejano dentro de los conflictos de la casa, mamá jamás tomaba decisiones, al menos no sin antes saber que pensaba yo al respecto. Y cuando no pedía mi opinión era porque de tanto que me conocía ya sabía que yo no iba a estar de acuerdo.
En medio de todo eso vivía mi paralelo mundo, entre amor y desamor, entre proyectos exitosos y otros fracasos.
Me convertí en una amiga y en una pareja muy presente, comencé a vivir para ser buena en eso, creo que pasé más de la mitad de mi vida consciente siendo eso.
Y hoy a mis casi 35, estoy cumpliendo mi segundo año, viviendo el 90% para mí y dividiendo el 10% restante en lo demás.
Todavía se siente raro, todavía es nuevo, todavía me cuesta, pero me quiero celebrar, por estarlo haciendo.
Siento que estoy cumpliendo 2 años de vida, de la consciente, de la presente.
Esa vida en la que me gusta mirarme al espejo y hablarme, que obviamente no empezó por ser mi elección, fue lo que me tocó después de tomar la decisión de volar, y esta vez bien lejos.
Hoy extraño fuertísimo aún todo, las previas con mis amigos, las seudo sorpresas que me organizaban porque siempre las descubría, los mensajes y llamadas a las 00.
Esa sensación de festividad en mi vida desde que llegaba el 1 de noviembre, un mes donde celebramos en mi familia las vidas más importantes.
Mi abuela, la primera nieta, mi madre y yo.
En mi circulo de amistades también era super festivo, dos mis mejores amigas cumplen años el mismo día, en el grupo de mis amigas del fútbol teniamos festividad porque una cumplía un día después que yo y uníamos los festejos con un partido de fútbol y un buen tercer tiempo.
En mi grupo de handball pasaba lo mismo, tenía que dividirme y los amigos en común andaban igual.
Pero, sí hay un pero. Me duele no estar ahí haciéndo todo aquello ahora, es verdad, pero cómo valoro haber vivido todo eso.
Cómo puedo hoy reconocer los lindos momentos de celebrar la vida que tuve.
Y lo bien que me siento de estar en mi habitación con una copa de vino, escribiendo en mi blog, que no hubiera tenido tanto contenido si no hubiese abrazado este proceso.
Proceso que todavía duele y que a veces me hace odiarlo. No voy a mentir diciéndo que me siento muy cool acá sola y alejada de todos, pero hija de puta como me hace sentir imparable estos momentos.
Es como aguantar 3 minutos bajo el agua, no tengo certeza de que no voy a morir ahogada, pero tuve la seguridad de sumergirme porque me sentía lista de correr el riesgo.
Y con la consciencia de que al salir a tomar un respiro, indefectiblemente mis pulmones estarían un poco mejor desarrollados, como mínima recompensa.
Así que no me queda más que alzar esta copa en mi honor, darme un fuerte abrazo y decirme, felicidades loca, lo estás haciendo bien.
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