Jamás ignoren a sus emociones, a sus reacciones, a las señales que les da su cuerpo ante cualquier situación.
Cuando necesitas moverte o quedarte en o de algún lugar, nadie mejor que ellos para notarlo. O porque no, cuando necesitas moverte de alguna situación o persona.
Siempre recibimos las señales, sólo que estamos tan sumidos en nuestro pensamiento que a veces los ignoramos. Pensamos más de lo que actuamos.
Nos distrae el bullicio mental y terminamos sin hacer nada al respecto
Todas las veces que no he sabido que hacer y decidí pensar, me pasaron cosas. Cuando dejaba que el miedo me paralice.
Cuando mi cuerpo sintió que ya no podía estar en la anterior ciudad, comenzaron a pasarme innumerables cosas.
Cosas que ignoraba y le daba un enfoque errado, creía que el sistema me estaba desafiando a no lograr hacer lo que quiero.
Pero la verdad es que mientras no te sientes a gusto donde te encuentras, así tengas las mejores oportunidades, no las vas a aprovechar, porque no estas vibrando positivamente.
Nada dentro tuyo está a gusto, por ende aunque fisicamente lo intentes, creéme, "no va a funcionar". Ni la idea más brillante. NADA.
Cuando llegué a esta ciudad, todo me pareció bastante nuevo, algo un tanto más complicado, pero mi cuerpo se sentía absolutamente cómodo.
Podía ver árboles, montañas, sentir la brisa, diferenciar el día de la noche, podía disfrutar del silencio y por fín podía ver el cielo estrellado.
Entendí que lo mío está en la simplicidad. No quiero parecer una persona a quien no le gusta la extravagancia o quien no admira la magneficencia de las grandes ciudades.
Porque también me gusta la excentricidad, pero no quiero vivir en ella.
Entendí que en el silencio, es donde puedo descubrirme, mis gustos, mis talentos y sinceramente creo y tal vez algún artista me lo confirme un día.
Especialmente un escritor, que las más grandes obras, se han escrito en medio de muchísima soledad y bastante silencio.
A lo que quiero llegar es que aunque las cosas parecían más complicadas y un poco más lentas o más sacrificadas, no me disgustaba hacerlo.
Vivo en una casa con aún bastante limitaciones, pero desde que la ví le encontré el potencial. No la veía como tal, la veía como quiero que sea y paso a paso fui creando mi espacio, aún con las limitaciones.
Y un día apareció una oferta brillante, algo un poco más equipado, más moderno, mucho más cerca de mi lugar de trabajo, y hasta más económico.
Mi perro desde que llegó se sintió a gusto y eso para mí era demasiado importante, pasamos prácticamente una semana ahí, antes de hacer el paso definitivo, fuimos a probar, ya nos estabamos acomodando de a poco, incluso estaba empezando a darle mis toques a la casa.
Hasta que en una noche, pasaron cosas que hicieron que mi cuerpo manifieste su total incomodidad e intranquilidad.
En ese preciso momento en el que me invadió el miedo, la incomodidad, la inseguridad y la ansiedad.
Cambié por completo de parecer y regresé a este lugar, el que me hizo escribir más, el que me hizo conocer a mi perrhijo.
Claro que las dificultades se presentaron porque se suponía que ya tenía que dejar la casa y cambié de opinión en el día límite.
Pero cómo estaba tan firme en lo que quería y mi cuerpo vibraba en completo acuerdo a mis deseos, todo conspiró para que las complicaciones duraran sólo horas, la tormenta pasó, no ignoré las señales y hoy estoy de nuevo aquí, respirando tanta paz y haciendo una de las cosas que disfruto hacer.
Hablar con mis dedos.
Así que sólo puedo reafirmar que siempre pero siempre, haré caso a mis emociones, a mi cuerpo, a mis sensaciones.
El cuerpo jamás se equivoca.
Dejá el trabajo que te genera ansiedad, alejate de la persona que te causa estrés, salí de las situaciones que te generan apatía, no hagas lo que no estás disfrutando hacerlo.
Hacéte caso, no a mí, a vos. Escucháte.
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