Estaba analizando el estado en el que me encuentro. Y me recordé hace unos años, cuando empecé a navegar en las afirmaciones, en el poder de las palabras, en el poder de las emociones.
Y descubrí que eso, fue el punto de partida, repetir palabras (afirmaciones) que en su primer momento carecían totalmente de credibilidad y menos de emoción, pero si había un deseo que me impulsaba a hacerlo, que era sentirme mejor.
Después, ese deseo ya empezó a convertirse en una especie de hábito, hasta que hoy pues podría decir que forma parte de mi estilo de vida.
Y no lo digo porque sea una persona que repite afirmaciones o mantras todos los días, pero sí tengo la capacidad de captar el momento en el que una palabra esta haciendo efecto en mí, ya sea positiva o negativa. Y por ende tengo la capacidad de programar mi mente.
Tengo dos momentos claves, que realmente determinan mis días y es cuando me despierto y antes de dormir. Si me duermo insatisfecha, molesta o con la sensación de que deje algo pendiente, eso hace que me despierte cansada, con sensación de tedio y con pocas ganas de arrancar el día.
Del mismo modo cuando me despierto con esa sensación de pesadez, de que me va a costar muchísimo el día, pues así mismo se convierte mi día.
Así que considero que no es mejor mi vida porque soy más positiva o porque repito mantras, creo que es mejor, porque me siento creadora de cada uno de mis días y aunque haya situaciones que no podemos controlar, es totalmente responsabilidad mía el como me va.
Si, decido si mi día será malo o bueno y no depende para nada de lo que suceda, depende plenamente de mi elección.
Así que me alegra haberme animado a pararme en el punto de partida, porque aunque no esté aún lo suficientemente cerca de lo que quiero llegar, ya no estoy tan lejos y creo que cada día me acerco un poco más.
Namasté.
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