Ahora que estoy empezando un nuevo año y que se fue otro en donde los últimos 6 meses me encontré escribiendo más de lo que he esrito en toda mi vida. Quería analizar acerca de algo.
Y la cuestión está, en el paradigma que existía en mi mente, de si está bien que me exprese mejor escribiendo que hablando.
Y resulta ser que en todo eso, para mí, creo que ya no existe dualidad.
Es decir, no se trata de si está bien o mal, es cómo lo que expresa Ale Sanz en su música "Amiga mía" .- "no es que sea mi trabajo, es mi idioma".
Creo que todos en algún momento de nuestras vidas, encontramos nuestra mejor manera de expresar lo que realmente sentimos.
A veces el tiempo me consume, entre las cosas cotidianas, pero cuando me siento a escribir y aún mirando un reloj antiguo que tengo en mi escritorio, siento que por completo, el tiempo no pasa, son sólo numeros y unos palitos girando.
Entonces como cada año lo bautizo con un nombre, a este 2023 lo voy a llamar "año de aceptación".
Acepto que mis dedos expresan mejor lo que pasa por mi mente, por mi alma y por mi corazón.
Y lo amo, eso es todo lo que soy.
Acepto que aún me sigo descubriendo criticándome, pero cada vez lo hago menos, así que me felicito por haber sobrevivido un año más a mis propias limitaciones.
Y también voy a cambiar una de las frases que acostumbraba a usar en donde decía, "el cielo es el límite" porque no, totalmente no. "Soy mi propio límite" y voy alcanzando cosas, a medida que voy rompiendo barreras que yo misma me las he impuesto.
Así que muchas gracias por acompañarme todo el 2022 en este camino y bienvenidos a mi año de aceptación, espero que también lo hagan.
No los veo, pero los siento.
Namasté.
Comentarios
Publicar un comentario