La persona emocionalmente inteligente sabe que el amor es una habilidad, no un sentimiento, y requerirá confianza, vulnerabilidad, generosidad, humor, comprensión sexual y resignación selectiva. La persona emocionalmente inteligente se otorga el tiempo para determinar qué le da significado a su vida laboral y tiene la confianza y tenacidad para intentar encontrar un acuerdo entre sus prioridades internas y las demandas del mundo. La persona emocionalmente inteligente sabe cómo tener esperanza y ser agradecida, mientras permanece firme ante la estructura esencialmente trágica de la existencia. La persona emocionalmente inteligente sabe que sólo estará mentalmente saludable en unas pocas áreas y en ciertos momentos, pero se compromete a comprender sus deficiencias y advertir a otros de ellas a su debido tiempo, con disculpa y encanto... Hay pocas catástrofes, en nuestras propias vidas o en las de las naciones, que en última instancia no tienen su origen en la ignorancia emocional. ~Alain de Botton
(Libro: La Escuela de la Vida)
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