En estos últimos meses, he comenzado a entender muchas cosas. Y también a aceptarlas aunque duelan.
Pero definitivamente dentro de las relaciones existen curvas muy peligrosas, unas que pueden llevarte a la muerte o a la parálisis, si es que no disminuimos la velocidad y prestamos verdadera atención al camino y a los riesgos.
Porque es un trayecto o un tramo inevitable en la vida y especialmente en las relaciones.
Y esa es la etapa de la costumbre, la etapa peligrosa en dónde de repente el alto nivel de confianza existente entre ambos, hace que se acelere o se conduzca sin usar cinturones.
No tenemos cuidado en el tono, ni en lo que vamos a decir, porque asumimos.
Asumimos que ya nos conocen, y que el conocer avala cualquier tipo de actitud.
Y obviamente en la mayoría de los casos esto no es algo que se hace con maldad o con mala intención. Es decir, no nos queremos herir.
Pero creemos que ya no tenemos que tener cuidado al pisar, al hablar. Pensamos que se trata de fluir con todo lo que somos, sin tener en cuenta las diferencias entre ambos.
Creo que a veces hasta sentimos que somos uno mismo y que pues no tenemos que explicar nada.
Todo esto de lo que estoy hablando, yo me reusaba a vivirlo. Creía que podía manejarlo, que podía controlarlo.
Pero resulta que no. Porque es un trabajo en conjunto y todos en la vida adulta, nos cansamos tanto física como emocionalmente.
A veces yo me siento tan cansada físicamente, que prefiero lidiar sola, consolarme y tranquilizarme, que estar tratando de explicar lo que estoy sintiendo.
A veces hago mucho silencio, tanto silencio que me aturde y me deja un poco atontada.
A veces me peleo con los mantras de positividad que manejo todos los días. Porque no me siento realmente con una buena vibra, tengo tristezas que me encantaría poder compartirlas, pero ni si quiera se como nombrarlas.
Y si ni si quiera yo se como etiquetarlas, como podría explicárselo a alguien.
Después esta esa conexión y esa preocupación mutua, que hace que en extremo nos pongamos en lugar del otro.
Y decimos, hoy mejor no, con todo lo que ya pasó en su día.
Con todo lo que tiene que hacer, con todo lo que tiene que lidiar. Puta! esa si que es una curva peligrosa.
Lo bueno de todo es que las curvas no son eternas, en todos los caminos recorridos existe una, pero ninguna de ellas es insuperable si uno es precavido.
Yo siempre quiero intentarlo, pero a veces no alcanza el tiempo, la fuerza física o la mental.
Y el problema mío es que no siempre quiero pedir ayuda.
Pero también hay algo a mi favor, siempre, pero siempre fui muy arriesgada y eso no creo que me lo quite ninguna curva.
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