VACIO, sólo eso, un inmenso y profundo vacío. No existiría. No hay una sola etapa conquistada en la historia de la vida, que no haya tenido de base o de acompañante al miedo.
El miedo y los cambios son las cosas más constantes en la existencia.
Con la ausencia del miedo, no nos detendríamos a analizar cosas, no entenderíamos la profundidad o cuánto significa para nosotros algo que estamos a punto de agarrar o de soltar.
Es más, hay a veces que dejamos de hacer cosas esperando el momento a estar listos, el momento en que no sintamos miedo, creemos que un día vamos a sentirnos seguros y que el miedo se va a ir de la nada.
Y entonces diremos; hasta aquí llegué, ya estoy listo/a para lo que sigue. Ya puedo cambiar de página.
Pero no, eso jamás sucederá. Las cosas definitivamente hay que hacerlas con todo y miedo, porque esa sensación sólo se va a cambiar de lugar.
Cuando enfrentas algo que te da mucho miedo, una vez que lo haces, pasa. Pero sólo se mueve a la siguiente decisión importante que tengamos que tomar.
Y con pasar, no estoy diciendo que va a dejar de doler o va a dejar de alegrarnos. Esas emociones no dependen de si lo hagamos o no.
Porque hay decisiones que duelen con sólo pensar que hay que hacerlo y duele el proceso y duele el después.
Así cómo hay acciones que te pueden generar un gozo a largo a plazo, que te generen satisfacción, una muy grande que te haga sentir que valió la pena todo el terror que sentiste antes de hacerlo.
Por eso siempre digo, que aunque me cague de miedo, aunque sepa que corro el riesgo de no llegar lejos o no llegar a nada, lo hago de todos modos, porque para mí no hay nada peor que quedarme con la sensación del que hubiera pasado, si el miedo no me congelaba.
Comentarios
Publicar un comentario